martes, 1 de diciembre de 2009



LA CRISIS DEL SISTEMA POLITICO MEXICANO



El sistema que nace en 1929, es resultado de la lucha armada que culmina en 1917. Los caudillos Venustiano Carranza, Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles son quienes ganan la Revolución y no así los representantes de los sectores más pobres, Francisco Villa y Emiliano Zapata.
De todos ellos destacó Plutarco Elías Calles, quien impuso una especie de Maximato, al extender su poder más allá de su gobierno. Pero fue él quien acordó el fin de la etapa de los caudillos y el principio de la época de las instituciones, su logro principal: la transmisión pacífica e institucional del poder.



El instrumento fue la conformación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), una constelación de fuerzas regionales y partidos de carácter disímbolo que se aglutinan en torno al “partido del gobierno” (cooperativistas, agraristas, socialistas, regionalistas, militaristas, profesionistas, gremialistas, obreristas). El PNR nace con los objetivos de: establecer la democracia, mejorar el ambiente social y la reconstrucción nacional.



La consolidación del Sistema Político Mexicano



El presidente Lázaro Cárdenas del Río se afianza en el poder golpeando a Plutarco Elías Calles, quien en 1936 tuvo que comparecer ante las autoridades acusado de acopio de armas, ante lo cual abandonó el país, por la fuerza, para un exilio físico y político que habría de durar casi un decenio. Antes de que el callismo pudiera reaccionar, el Maximato había tocado a su fin. Al mismo tiempo destruyeron su principal base de apoyo, la maquinaria política de Garrido Canabal y sus ‘camisas rojas’ en Tabasco.



En 1938 el PNR se transforma en Partido de la Revolución Mexicana (PRM), con una base



formada por los sectores obrero, campesino, popular y militar. La diarquía Presidente/jefe máximo, fue sustituida por la de Presidente/Partido.



“A partir de 1940, los elementos centrales del sistema político se definieron con mayor nitidez y en muchos casos se ampliaron pero muy pocos cambiaron. El centro aglutinador siguió siendo la Presidencia de la República, cuyas facultades constitucionales y metaconstitucionales no se vieron obstaculizadas ni limitadas por los otros poderes federales con las que se supone comparte el poder, ni tampoco por el surgimiento de centros informales de poder. El Congreso, el poder judicial, el gabinete, los gobernadores de los estados, el ejército, el partido oficial, las principales organizaciones de masas, el sector paraestatal e incluso las organizaciones y los grupos económicos privados, reconocieron y hasta apoyaron el papel de la Presidencia y el presidente como instancia última e inapelable en la formulación de iniciativas políticas y resolución de los conflictos de intereses en la cada vez más compleja sociedad mexicana”. 1
Como conclusión en 1946 deparece el cuarto sector del PRM, los militares, y de paso este se transforma en Partido Revolucionario Institucional (PRI). Una parte consubstancial a la institucionalización del poder de los hombres que triunfaron con la Revolución fue la estabilidad y el crecimiento económico. Con dos fases o ritmos que, Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer, identifican como el “milagro mexicano” que va de 1940 a 1968 y observa un crecimiento económico de 6% sostenido en promedio; y el momento que va de 1968 a 1984, que describe el agotamiento de una estrategia económica, identificada con la crisis.



El “desarrollo estabilizador” que tuvo su florecimiento hasta 1973, mantuvo como características la sustitución de importaciones, barreras proteccionistas y fuerte inversión en irrigación, ferrocarriles y energía. La salida planteada, después, no tuvo éxito y se cayó en el populismo económico.



Conflictos sucesorios y oposición al Sistema



El agotamiento del sistema político se explica, también, por los enfrentamientos internos de la clase política gobernante, expresados de manera palpable en la coyuntura de la sucesión presidencial y por el mismo crecimiento e implantación territorial de las fuerzas de oposición.
1939–1940. La revolución cardenista viró a la derecha en la persona de Manuel Avila Camacho (1940–1946). Sin embargo la sucesión no fue tersa, pues el general Juan Andrew Almazán se fue por la libre y buscó vencer al candidato cardenista.



1945–1946. A la candidatura de Miguel Alemán Valdéz (1946–1952) se opuso la de Ezequiel Padilla, operando la llamada ‘oposición desde adentro’.



En 1952 la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines (1952–1958) encontró la oposición del general



Miguel Henríquez Guzmán.



En 1970. Con el movimiento previo del conflicto estudiantil de 1968, se interpreta que Luis Echeverría Álvarez (1970–1976) no fue ajeno y uso el conflicto como una forma de posicionarse y presionar a favor de su candidatura, originalmente el no era el favorito de Gustavo Díaz Ordáz.
1976.Las pugnas sucesorias se expresan en los apoyos de la “familia revolucionaria” hacia Mario Moya Palencia, y sin embargo Luis Echeverría, apoyado por Fidel Velázquez Sánchez, se decide por José López Portillo (1976–1982). Además hay una devaluación del peso.



Durante el gobierno de José López Portillo el Sistema adopta una medida liberalizadora, la reforma electoral de 1977. Tal reforma permitió la legalización del Partido Comunista Mexicano (PCM), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Partido Demócrata Mexicano (PDM). La flamante Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE) permitió la creación de los distritos uninominales (300) y plurinominales (100).



En 1982.La clase política se enfrenta cuando los políticos tradicionales apoyan a Pedro Ojeda Paullada y Javier García Paniagüa, mientras que José López Portillo “destapa” a Miguel de la Madrid Hurtado (1982–1988).



En lo económico 1982 expresa otra crisis, ahora se maneja como la causa principal la caída internacional de los precios del petróleo y entre las supuestas soluciones se nacionaliza la Banca.
Es en 1982 cuando diversos sectores empresariales del país se movilizan a partir de la nacionalización de banca. En particular las reuniones denominadas “México en la Libertad”, cuyos objetivos eran oponerse a tal nacionalización e incidir en la opinión pública.
Este bloque al que podemos denominar como los empresarios críticos (en donde participaron sobre todo pequeños y medianos empresarios) mantuvieron posturas de rechazo al modelo estatista y de economía mixta, pero también hacia el autoritarismo político; la tendencia empresarial de oposición que estuvo muy activa en los años 70 se reactivó y adquirió un nuevo perfil, el de abrirse hacia el entorno de las empresas.



Desde entonces, un sector del empresariado entendió que la transición politica estaba en puerta y que era necesario actuar a su favor desde su realidad institucional. Pero también, que para hacer posible la modernización económica y política era necesario relacionarse o vertebrarse con organismos cívicos y sociales; de alguna manera, como ha ocurrido en otras transiciones a nivel internacional, algunos sectores empresariales tuvieron que actuar como organos socio-políticos de sustitución. Es decir, tuvieron que asumir funciones que los partidos de oposición o movimientos sociales no realizaban en favor de ciertas demandas sociales.
Sin embargo, la acción circunscrita a las instituciones empresariales tenía sus límites, en particular la acción político-partidista, y fue cuando varios empresarios decidieron postularse a cargos de representación pública; situación emblemática en el caso de Manuel J. Clouthier. Estableciendo la diferencia entre “lo político” (en sentido amplio, propio de la sociedad organizada) y “la política” (en sentido partidista).



En lo que toca al espacio electoral el PAN se fortaleció como opción política, logrando el 17.5% de la votación presidencial.



Durante el gobierno de Miguel de la Madrid se fue dejando el control de la economía en manos de Carlos Salinas de Gortari y de su equipo, a tal grado que, a mediados del sexenio, tomaban prácticamente todas las decisiones en ese rubro. Por eso era previsible que De la Madrid se inclinaría por CSG (1988–1994) para colocarlo como el sucesor. Esa fue la causa de la confrontación entre salinistas y los “duros” del sistema, según la “ley del péndulo” le tocaba el turno a la vieja guardia y en cambio los tecnócratas querían mantenerse en el poder.
En 1987 la crisis cobra forma con la caída de la Bolsa de Valores. Con MMH la inflación alcanzó, en 1987, el 159%.



Las pugnas en la clase política llegan al punto de la escisión, con la salida del PRI de un importante núcleo identificado con el cardenismo y el nacionalismo revolucionario. Entre las figuras representativas estaban Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, que primero formaron la Corriente Crítica y luego el Frente Democrático Nacional.
Etapa contemporánea



El grupo de Carlos Salinas de Gortari (CSG) se preparón con antelación para tomar el poder, inició su despegue al formar la Asociación Política y Profesión Revolucionaria (1971), donde estaban José Francisco Ruiz Massieu, Emilio Lozoya, Manuel Camacho, Hugo Andrés Araujo, Raúl Salinas y René Villarreal. Su padrino fue Mario Moya Palencia.



Al trabajar con Miguel de la Madrid Hurtado (MMH), CSG conoció a Pedro Aspe y a la vez tenía parentesco con Leopoldo Solís Manjarrez (subdirector del Banco de México), quien fue jefe de Ernesto Zedillo. Además, una parte de sus aliados ingresaron como profesores al Colegio de México, tal fue el caso de Manuel Camacho, Luis Donaldo Colosio, Otto Granados, Jaime Serra Puche y Guillermo Ortiz quien conoció en Stanford a José María Córdoba Montoya, éste último fue invitado al Colmex por Francisco Gil Díaz.



En las elecciones presidenciales de 1988, como nunca antes, la oposición se manifestó electoralmente y la ciudadanía encontró en Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J.Clouthier opciones reales para terminar con el ciclo de dominación priista. El candidato triunfador apenas logra superar el 50% de la votación presidencial.



Carlos Salinas de Gortari, cuestionado en su legitimidad presidencial, llega con la oferta de un Acuerdo Nacional para la Ampliación de la Vida Democrática, sin embargo su estrategia modernizadora le da prioridad a la reforma económica sobre la reforma política. En 1989 nace el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), nuevo intento liberalizador.

DESARROLLO COMPARTIDO




La Política de Desarrollo Compartido la implementa el ex presidente Luis Echeverría en los años 70.En lo económico las reformas estaban destinadas a sustituir el modelo de estabilización; el estado debía fortalecer su función de intervención para regular las desigualdades económicas y sociales derivadas del desarrollo. La realización de dichas reformas exigía la integración vertical de procesos sustitutivos de importaciones estimulando la producción de bienes de capital e intentando resolver el déficit crónico de la balanza de pagos que era una de la características inherente al modelo. Este modelo se denominó "Desarrollo Compartido" y la pretensión era que mediante un gasto público enorme y creciente se alcanzara una mayor justicia social.Entre 1971 y 1981 la economía mexicana creció a una tasa media anual de 6.7% en términos reales y 3.7% por habitante.



El motor del crecimiento fue, primero, el déficit fiscal elevado y después el auge petrolero. El sector agropecuario continuó perdiendo importancia en la producción nacional. La industria creció ligeramente y su participación ganó dos puntos porcentuales. El sector primario perdió a través del secundario.El desarrollo estabilizador llegó a la década de los setenta imponente. Crecimiento alto y poca inflación. Para 1970, el gasto público comenzaba a crecer aceleradamente en comparación a los ingresos.



Así, a pesar de las políticas proteccionistas y el tipo de cambio fijo, la demanda de importaciones aumentó gradualmente hasta ocupar 9.7% del PIB mientras las exportaciones lo hacían en 7.7%, la balanza externa necesitaba un ajuste.Lo ocurrido en el sexenio de Echeverría fue que el desbordado gasto público empezó a generar presiones sobre el equilibrio presupuestal que eventualmente se volvieron inmanejables. Una finanzas públicas sanas eran la condición indispensable para preservar un tipo de cambio estable lo que, a su vez, era la clave en aquella época para mantener una inflación reducida. Estas condiciones fueron las que generaron durante el Desarrollo Estabilizador una elevada inversión pública y privada que permitió alcanzar y sostener tasas de crecimiento económico arriba del 6 porciento en términos reales.



Al financiar el desorbitado gasto gubernamental de cualquier manera, Echeverría y José López Portillo incurrieron en una creciente deuda tanto externa como interna y, en este último caso, bien pronto empezó a crecer el crédito del Banco de México al gobierno, con las consecuentes presiones sobre el tipo de cambio que eventualmente estalló, engendrando una inflación que casi llegó al 100 por ciento.A mediados de la década de los setenta el deterioro del crecimiento económico y de la pérdida de efectividad en los programas de desarrollo se hizo evidente.



Ello intentó ser compensado con la prioridad otorgada el sector exportador, el apoyo estatal para la financiación de programas de irrigación en la región norte del país, la reducción tributaria, el aumento del crédito y de la asistencia técnica. La deficiencias estructurales, tanto del sector industrial como agrícola, se vincularon a la crisis financiera y al deterioro de la balanza de pagos. El déficit fiscal aumentó significativamente, la sobrevaluación del peso en los años setenta, el crecimiento constante de la inflación, la fuga sistemática de capitales y la disminución de las importaciones crearon el inicio de una prolongada crisis.

AGOTAMIENTO DEL MODELO DE DESARROLLO ESTABILIZADOR


El aumento de la producción de bienes manufacturados protegió al mercado interno. A partir de la segunda guerra mundial los gobiernos se entrometieron fuertemente en la economía: aranceles, subsidios y exenciones fiscales. La demanda externa aumento y con ello la economía nacional. Para combatir la inflación se esterilizaron los depósitos del Banco de México y un estricto control del presupuesto. La devaluación fue necesaria para evitar la fuga de capitales y fomentar la agricultura y ganadería. La intensa participación del estado necesitó una buena reforma fiscal, como el ISR. La minería y la agricultura financiaron las exportaciones. Para combatir la inflación del periodo anterior se usó una estabilidad cambiaria. La economía creció 6.2% pero la demanda por importaciones no disminuía, las exportaciones no las cubrieron y se echó mano de la deuda externa. La falla radicó en la incapacidad de promover las transformaciones económicas, sociales y políticas para modificar significativamente los modelos de producción, distribución y consumo.

La inversión del Estado debió centrarse en alto riesgo y a largo plazo. El alto déficit impuso la necesidad del financiamiento del Banco de México. No se generaba el tan esperado crecimiento a largo plazo, propiciado principalmente por el desequilibrio externo y otros fuertes problemas de estructura como el financiamiento externo, la ausencia de una eficiente reforma fiscal, la completa nulidad del sistema financiero, la baja propensión al ahorro, la mala estructura y concentración demográfica, y desde luego, la mala distribución del ingreso. Con todo lo anterior, seguía siendo indispensable la participación del estado en la economía. El principal instrumento era la banca mixta, o más bien, pública. La política dictada fue el distanciamiento del capital foráneo.

La política monetaria, fiscal y crediticia en el periodo 1950 - 1962 se enfocó a enfrentar los embates de la economía internacional. La economía mexicana experimentó un fuerte crecimiento durante la década de los años cincuenta. Hubo fluctuaciones externas que afectaron la balanza de pagos y el peso se devalúo en 1954, pero el PIB no dejó de crecer y se incrementó en 3% per capita. La inflación y el tipo de cambio permanecieron constantes. Este desempeño no había sido observado en años anteriores.

El aprovechamiento de externalidades como inversiones en infraestructura, carreteras, puentes y dotación de energía a precios accesibles permitió al rápido crecimiento de la economía en su conjunto. Hay que agregar el nivel alto de la demanda agregada, finanzas públicas equilibradas, tipo de cambio e inflación estables. Por estos días, el gobierno jugaba un doble papel. Por un lado, centraba sus esfuerzos en invertir en infraestructura y por el otro, compensaba las fluctuaciones externas que afectaron la economía. El gobierno fue prudente, y no se endeudaba más allá de sus posibilidades.

El auge económico estuvo bien repartido entre sectores. La agricultura, industria manufacturera, eléctrica y petrolera crecieron por arriba del PIB. Los factores fueron el gasto gubernamental alto, la guerra de los Estados Unidos y la baja en insumos intermedios. La inversión privada tuvo un comportamiento dinámico, lo que elevó la productividad y finalmente, la economía en su conjunto.

Debido a incrementos fuertes en las importaciones, después de la Segunda Guerra, se desestabilizó la balanza de pagos y el gobierno tuvo que aplicar un sistema de protección industrial enfocado a bienes de consumo. Este sistema estaba basado en cuotas de importación, así el consumidor final estaba asegurado. Además, Hacienda creó facilidades, estímulos fiscales y exenciones con la finalidad de reinvertir utilidades. La disponibilidad de divisas para realizar importaciones de capital e insumos y un sistema financiero con presencia fueron herramientas para el desarrollo. Durante 1a década de 1950, 38% de la inversión privada eran productos importados.

El sector agropecuario generaba la mayor parte de las divisas suplantando a la minería. Las exportaciones de servicios como el turismo y las transacciones fronterizas sirvieron para financiar el déficit en balanza de pagos. A partir de 1958 las exportaciones agrícolas habían descendido y se recurrió a otras formas de financiamiento, no fue suficiente y las importaciones fueron restringidas.

Un férreo proceso de sustitución de importaciones fue impuesto como consecuencia de la política comercial proteccionista iniciada a fines de los años cuarenta, especialmente para los bienes de consumo, pero cuajada hasta 1954. Algunos bienes de uso intermedio y de capital experimentaron procesos similares mientras empresas nacionales se establecían, así estas nuevas organizaciones veían asegurado su mercado. Observaron crecimientos de hasta 90% en diez años.

Hasta la mitad de los cincuenta, el tipo de cambio sobravaluado impedía el eficaz funcionamiento de la sustitución de importaciones. La moneda se devalúo y se impusieron regímenes a la entrada de productos, por lo que las industrias se fortalecieron. El proceso mencionado amparó 9% del incremento en la demanda y para 1962 lo hacía con 22.33%.

El auge externo, hasta 1962, fue efímero. Comenzó a decaer por la colocación de los sobrantes de algodón en Estados Unidos todo el mundo, el mercado internacional se contrajo. La tasa de crecimiento de aquél país se redujo considerablemente a partir de 1956. Varios productos de exportación mexicanos sufrieron caídas, tal fue el caso del café y camarón, plomo y zinc vieron restringidas sus salidas por la imposición de cuotas en la unión americana.
Las exportaciones habían aumentado 19.9% en 1955, 9.3% en 1956, descendieron 12.5% en 1957 y estuvieron estancadas en 1957. Entre 1958 y 1962, el poder de compra de las exportaciones creció 8.2% anualmente.

Las importaciones de mercancías tuvieron un fuerte ritmo de crecimiento hasta 1957, 13.6% en promedio anual, y a partir de ahí se estancaron, de tal suerte que en 1962 el valor de las importaciones de mercancías fue ligeramente menor al observado en 1957. Esto reflejó un política premeditada de reducción de importaciones, en especial, las del sector público, para aminorar el desequilibrio externo y sostener el tipo de cambio, pero no impidió que la balanza comercial se mantuviera en déficit. Se financió por endeudamiento externo e inversión extranjera en proporciones muy semejantes.

Al acompañar la devaluación de medidas fiscales que eliminaran las expectativas inflacionarias y coadyuvaran a reducir la fuente de las presiones a los precios, al tiempo de mantener los estímulos a la inversión privada se recuperó la senda del crecimiento económico; crecimiento que sólo era posible por la concurrencia de ahorro externo que complementara el ahorro interno necesario para financiar la inversión. El gobierno fomentó la inversión extranjera directa y contratar créditos del exterior, bancarios y oficiales.

A principios de los sesenta la economía no crecía como se esperaba. Se hicieron estudios y arrojaron la necesidad de abrir la economía, si no, el futuro estaría comprometido. El principio de los problemas vino con en estancamiento del sector externo y no se esperaba que creciera en el futuro. La sustitución de importaciones ya no era sencilla porque había que seguir hacia bienes intermedios y de capital. La vía para crecer no era tan clara, pero algo sí era segura: el interior era la clave. No se podía expandir la circulación monetaria, redistribuir el ingreso, ingresar demasiada inversión extranjera por los altos costos políticos. La salida fue expandir el déficit público y la deuda externa.

La década de 1960 fue prodigiosa. Crecimiento alto del PIB, del empleo y baja inflación fueron las características. Los puntos malos fueron el abandono del campo y los conflictos sociales. El gobierno aprovechó la situación imperante y realizó profundas reformas en infraestructura e incluso indujo a la inversión privada para ello.

Los empresarios nacionales lograron establecer barreras a la entrada para inversionistas extranjeros en áreas productivas donde ya estuvieran operando los empresarios nacionales o en sectores estratégicos, esta actitud se mantuvo hasta los años setenta amparando cada vez más sectores. La doble protección de la competencia externa incluía permisos de importación y cuotas específicas, y de la competencia interna al limitar o regular fuertemente la inversión extranjera. Se consideraba necesario disminuir o eliminar las fuentes de fluctuaciones externas que desequilibraban la balanza de pagos, reducir pues la dependencia al exterior. Enfocarse al mercado interior significaba integrar todas las actividades productivas, la sustitución de importaciones debía profundizarse, principalmente en bienes intermedios y de capital. El sector externo cayó 5% del PIB en 1970.

La restricción al comercio exterior se dio en importaciones y exportaciones. La sustitución se realizó fundamentalmente en las industrias de sustancias químicas, derivados del petróleo, caucho y plástico; abonos y fertilizantes; productos farmacéuticos y jabón, detergentes y cosméticos. Para lograrlo fue necesario contar con un sector financiero dinámico y estimulante.
En los años sesenta surgieron indicios de que algo no estaba muy bien, había que tomar medidas correctivas y atender a ciertos grupos sociales. Los factores fundamentales se relacionaron con la competitividad del aparato productivo, el dinamismo y diversificación, en todos los sentidos, del aparato exportador y con el financiamiento de la economía.

El aparato proteccionista creado en 1947 tenía la finalidad de restringir las importaciones. Conforme entraba la década de los cincuenta, el esquema fue avanzando en productos y áreas económicas. Ello llevó con el tiempo a una política explícita de industrialización basada en la sustitución de importaciones. Para que la política tuviera éxito, el gobierno estableció subsidios y creó infraestructura. El modelo fue exitoso en diez años, en parte por la necesidad de la inversión extranjera de entrar al país. Aunque fomentó la creación de oligopolios. El proteccionismo estatal provocó calidad y precio poco competitivos, encubría ineficiencia, altas tasas de ganancia. La protección industrial no tuvo un sentido exportador que la hiciera competitiva internacionalmente y protegió la ineficiencia. El límite del abrigo había sido roto. Dada la ineficiencia, el crecimiento de la industria estaba en relación directamente proporcional al crecimiento del mercado interno, que era limitado.

México mantuvo su política proteccionista, era acertado políticamente y algunos dirigentes creían que todo marchaba bien; no entró al GATT. La especialización, el crecimiento de la economía, y la política comercial exterior necesitó la incursión de inversionistas en nuevos sectores e industrias. Los empresarios mexicanos estaban limitados, el gobierno entró con fuertes inversiones y se nacionalizaron varias industrias como la eléctrica, de azufre, fertilizantes y otras. Así se seguía con lo mismo y se integraba de manera vertical la industria dejando en lo posible la inversión extranjera.

Durante los años setenta la economía internacional gozó de auge y estabilidad de precios. Las exportaciones de manufacturas aumentaron 14.8% anual entre 1963 y 1970. Esta estabilidad impidió desajustes notables en la balanza de pagos. Las importaciones de manufacturas aumentaron rápidamente, el déficit comercial creció aunando el desplome agrario.
Aproximadamente, 90% de la permanencia que México obtuvo entre 1954 y 1970, comparado con el periodo anterior de crecimiento e inflación, 1942 - 1953, se debió a condiciones internacionales de estabilidad, mientras que el 10% restante fue resultado de la política económica. El proceso de sustitución concedió un alivio temporal que era imperativo moderar para que el proceso no resultara ineficiente; impidió competir en el campo internacional y por tanto, obtener las divisas necesarias para sostener el proceso de crecimiento. Se necesitaba un plan de exportaciones.

Esta política generó grandes demandas de ahorro y para poder avanzar se requerían enormes cantidades de inversión adicionales. Pero ello no era posible, por que se necesitaban mercados de capitales más desarrollados, expandir las exportaciones y una profunda transformación de la industria.

CRISIS DEL ESTADO BENEFACTOR




Se dice que existe un Estado de bienestar o Estado providencia cuando el Estado asegura la protección social, entendida ésta mediante derechos tales como la sanidad, la vivienda, la educación, los servicios sociales, las pensiones de jubilación o la protección del empleo o del empleado.En Inglaterra durante la época de los Tudor se implementaron una serie de legislaciones, las llamadas "leyes de los pobres", debido a los problemas creados por las guerras de la dinastía y posterior "disolución de los monasterios" y otras instituciones católicas -durante el reinado de Enrique VIII-, organismos que durante la Edad Media estaban tradicionalmente a cargo de las obras de caridad tales como ayuda a los destituidos.




Si bien esta legislación era de tipo punitivo (imponiendo penas por mendigar, vagar, etc) durante el reinado de Isabel I con la "Ley de Pobres" de 1601, la legislación empieza a cambiar. Se introducen distinciones entre los "pobres discapacitados" (enfermos, ancianos, etc), los "pobres capaces" pero que carecen de trabajo y los "pobres recalcitrantes".




En general, se busca corregir en lugar de castigar. Se establecen Casas de Caridad, en las cuales los pobres incapaces recibían atención, y Casas de Industria, en las cuales los pobres capaces podrían trabajar, y, finalmente, se establece que los "recalcitrantes" serán enviados a prisión. La responsabilidad administrativa del sistema depende de las Parroquias, unidad administrativa local en el Reino Unido hasta el presente, a las cuales se les da la obligación de cuidar a sus pobres.La importancia de esta legislación es que introduce el concepto de la responsabilidad social (nótese, no del estado o del gobierno, si de la sociedad) por sus miembros, no sobre una base religiosa, como anteriormente o en otros países.Esta legislación, con muchas modificaciones posteriores, regirá en Inglaterra hasta la introducción del Estado de Bienestar, cuando el Estado asume esa responsabilidad social.




A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX en la mayor parte de los países occidentales, la presión política de los movimientos obreros impulsó a los gobiernos a adaptar la legislación sobre el trabajo y el trabajo infantil, que fue progresivamente modificada. A finales de siglo apareció en Francia la educación nacional. Se crean las primeras viviendas baratas (1887), un sistema de seguros obligatorio (1910) y subsidios para las familias numerosas (1913).




En Gran Bretaña se creó un sistema de pensiones para los indigentes ancianos (1908) y una garantía de empleo para los más pobres del campesinado (1911).La mayor parte de estas medidas son, por lo general, puntuales y de alcance mínimo. Sin embargo, es en Alemania donde se desarrolla el primer sistema generalizado de protección social.Existen tres interpretaciones principales sobre la idea de Estado de bienestar:1. Estado del bienestar hace referencia a la provisión de servicios de bienestar por el Estado.2. Un Estado del bienestar es un modelo ideal donde el Estado asume la responsabilidad primaria del bienestar de sus ciudadanos. Esta responsabilidad es comprensiva, porque se consideran todos los aspectos del bienestar; un "sistema de seguridad", no es suficiente. Es universal, porque cubre a cada persona, a la que la legislación otorga derechos positivos.3. Estados del bienestar puede identificarse con sistemas generales de bienestar social. En muchos "estados del bienestar", el bienestar no se proporciona actualmente por el Estado, sino por una combinación de servicios independientes, voluntarios y gubernamentales.